Para innovadores

18/04/2013

La ventaja de la academia es la continuidad

El Dr. Roberto Cignoli, Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales recibió a EL OTRO MATE en su despacho.

Cignoli es Doctor en matemática por la Universidad Nacional del Sur, Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires e Investigador Superior del CONICET, entre otros cargos, en diálogo con EL OTRO MATE brinda un panorama de la ciencia en Argentina.

¿Se puede hacer ciencia en todo el país?

Yo soy de Rosario, pero en 1959 me fui a Bahía Blanca, lo que era en su momento la nueva Universidad Nacional del Sur, para estudiar matemática. No pude especializarme en mi ciudad, a pesar que había una tradición con matemáticos importantes en Rosario como Beppo Levy, pero las circunstancias hicieron que en ese momento no había una posibilidad de estudiar eso en Rosario.

Más de medio siglo después, ¿la ciencia está más federalizada?

Ahora en Rosario hay institutos de matemática, física y ciencias básicas que no había en ese momento. Además hay un centro muy importante del CONICET en Rosario, si uno mira la diferencia entre lo que era antes y lo que es ahora, es abismal.

Por supuesto que hay una concentración muy grande en la zona de Buenos Aires porque el país está concentrado en esa región.

¿Hay más acceso al conocimiento en regiones que antes eran totalmente periféricas?

Hay más acceso, hay más universidades. Primordialmente lo bueno es que la investigación empieza a ser considerada como una parte importante de la docencia.

Se empezó a darle mayor impulso al CONICET desde la gestión del gobierno de Duhalde, por ejemplo cuando fue la designación del doctor (Eduardo) Charreau como presidente de esa institución. Ahí empezó a mejorar la situación, porque el CONICET estaba envejecido. Se trató de aumentar el número de becas y cargos para los niveles iniciales. Ya con el gobierno de Kirchner se potenció esta política al mejorarse mucho los salarios.

¿Cuál sería el próximo paso?

La ciencia básica está muy bien y es muy importante su desarrollo, pero mientras no haya en el país una industria que requiera los servicios de la ciencia. La inversión es fundamental para el desarrollo, pero no basta solamente con tener los científicos, los científicos tienen que tener un trabajo que trascienda lo académico.

¿Eso demanda que empresas privadas incrementen el porcentaje que asignan a la investigación?

¡Por supuesto!  No diría que las empresas privadas tienen que aumentar el porcentaje, porque al multiplicar algo por cero, sigue siendo cero. La idea es que empiecen a crear condiciones para desarrollar la investigación, son muy pocos los grupos empresarios que destinan recursos a la investigación, se cuentan con los dedos de la mano. Es una cuestión que depende de las dos partes; por un lado, el gobierno tiene que promover una política de estímulo con facilidades impositivas para las empresas que inviertan en ciencias, y por el otro, las empresas tienen que invertir en ciencia para mejorar sus productos y así mejorar las condiciones de vida de la población.

Yendo a la institución que usted preside, la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales tuvo un rol primordial en el armado tanto del CONICET como de la Universidad de Buenos Aires. Ahora, con esas instituciones ya funcionando, ¿cuál es el rol actual de la academia?

Primero quiero contarle acerca de la composición de la academia, que tiene 40 miembros, lo que significa que no todos los que merecerían estar, están. El rol de nuestra institución es estudiar algunos problemas, hacer diagnósticos de situaciones planteadas, tratar de mejorar los programas de enseñanza de la ciencia, como se hizo con la concientización del agua y la preparación para una política hídrica de energía. En estos casos, la función de la academia es asesorar a los gobiernos sobre las cuestiones que requieran explicaciones de la ciencia.

Concretamente, la academia lleva adelante programas. Conviene aclarar que en estos momentos estamos integrando una red interamericana de academias que va desde Canadá hasta Argentina. Esta red de academias ha potenciado los programas que tenemos. Uno es el del agua, su uso en energía, las sequías y las inundaciones, en el que se ha publicado un libro del capítulo correspondiente a la Argentina. Es un estudio que está a disposición de los gobiernos.

¿Y ellos lo leen?

Eso es otra cosa…

Hay otros programas importantes, como el de educación en ciencias, donde ponemos el foco en el método de indagación. Se trabaja mucho con la formación de maestros, porque la idea es que los chicos hagan sus experiencias, sin que el maestro le indique lo que va a pasar. Ellos tienen que hacer y sacar solos las conclusiones y ver lo que pasa. La idea es que el maestro no intervenga diciendo que es lo que tiene que pasar, generando una discusión, sana, entre los chicos. Ese es el método científico. Se han hecho experiencia de este tipo en capital, donde tenemos un convenio. Falta realizar un seguimiento para ver los resultados en la práctica.

Hay otro programa importante que es el de la mujer en ciencia. La publicación más reciente sobre el tema, es alusiva a las mujeres científicas de Latinoamérica, presentada justamente el día de la mujer. Uno de los resultados obtenidos, es que las mujeres reconocen no sentirse discriminadas en su labor científica, en Argentina.

También está el programa de la creación de academias de ciencias, y así lo hicimos en la creación de la Academia de Ciencias de Uruguay, país que no tenía este tipo de institución.

La academia también otorga becas…

Hay becas de doctorado que las otorga la academia, y también están las becas In Libris Carpe Rosam que están dadas por familias particulares. Se trata en especial de una familia que ha dado becas para estudiantes de biología y matemática, en homenaje a sus hijos desaparecidos que eran estudiantes de estas carreras. Son becas para estudiantes de grado, donde lo único que tiene que hacer los beneficiarios, es un escrito serio vinculado a la temática de los derechos humanos.

Además de las becas, la academia tiene un instituto de botánica, el Darwinion, es autárquico y recibe fondos del CONICET y del exterior.

La academia también otorga premios. Los premios estímulo a jóvenes investigadores, y reconocimiento a la trayectoria.

La ventaja de la academia es la continuidad. Es una de las pocas instituciones que trascienden a los políticos de turno y asegura la continuidad de los proyectos. Nuestros programas, pueden ser lentos, pero son persistentes y se concretan.

Nota: EL OTRO MATE




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